Acerca de Lame Cazuelas

Durante años, Xochimilco fue contado de una sola manera: como un lugar para venir a beber, hacer ruido y marcharse. Poco a poco, una narrativa simplificada fue dejando fuera algo mucho más profundo. Un territorio cultural milenario terminó reducido a escenario de consumo, y muchas historias quedaron en silencio.
Lame Cazuelas nació de una inquietud muy clara: Xochimilco no puede reducirse a una trajinera con música alta y fotografías rápidas.
Xochimilco es pueblo, barrio, es mercado, es cocina, es fiesta, es albur, es historia que todavía respira. Es un territorio vivo, lleno de contradicciones y matices, que merece ser recorrido con atención y no solo visitado de paso.
Lame Cazuelas nace desde una convicción personal: la DIGNIDAD no es un discurso, es una forma de hacer las cosas. Es reconocer el valor del trabajo local, el peso de la memoria y la inteligencia cultural que vive en la comunidad. Es entender que detrás de cada trajinera, cada cocina y cada mercado hay personas que sostienen una herencia con orgullo.

¡Hola! Yo soy Gabriel.

Crecí en Xochimilco con mi abuela, entre turistas y comida. Mi infancia no estuvo marcada por discursos académicos, sino por el mercado, por el aroma del maíz recién cocido y por conversaciones largas que empezaban como trato y terminaban como amistad. La vi recibir a cada visitante con una mezcla precisa de firmeza y hospitalidad; sabía sonreír, pero también sabía sostener su lugar.

De ella aprendí que la cultura no se exhibe: se comparte. Que el precio justo no es negociación agresiva, es respeto mutuo. Y que el trabajo hecho con amor —aunque parezca sencillo— construye memoria. Mi abuela no hablaba de patrimonio cultural ni de turismo sostenible. No necesitaba esos términos. Vivía la DIGNIDAD todos los días, en la manera en que cocinaba, en cómo defendía su trabajo y en cómo miraba de frente a quien tenía enfrente.

A través de sus manos aprendí a leer el valor de mi comunidad. Entendí que la cocina no es solo alimento, es identidad. Que el mercado no es solo comercio, es conversación. Y que Xochimilco no es un escenario, es un hogar que respira historia.

Con el tiempo me fui para estudiar en otros estados de México. Necesitaba distancia para comprender lo que había dado por hecho. Fue lejos donde lo vi con claridad: la Ciudad de México tiene una joya viva en Xochimilco, pero no siempre sabe mirarla. Regresé con una certeza firme y personal: si este lugar iba a compartirse con el mundo, debía hacerse con profundidad, con carácter y con respeto. No como espectáculo, sino como experiencia con significado.

Así nació Lame Cazuelas.

El nombre no es literal, es un guiño profundamente mexicano. En México existe una tradición muy particular de humor llamada albur: un juego verbal de doble sentido donde la inteligencia y la agilidad mental importan más que la grosería. Es una forma de picardía cultural que mezcla ingenio, ironía y carácter. “Lame cazuelas” puede interpretarse como alguien que está metido en la cocina, probando lo que se prepara… pero también es una expresión que, en ciertos contextos, esconde un doble fondo juguetón.

Elegí ese nombre porque representa una parte muy auténtica de nuestra identidad. En México sabemos hablar con doble sentido y sabemos reírnos con inteligencia. Sabemos celebrar sin dejar de pensar. Detrás del juego hay intención: reivindicar la cultura sin volverla rígida, y defender la tradición sin convertirla en museo.

Lame Cazuelas combina elegancia con picardía, territorio con conversación contemporánea. Aquí no se actúa el folklore ni se convierte la cultura en espectáculo para consumo rápido. Se interpreta, se contextualiza y se comparte con respeto. Y cuando el momento lo permite, se sonríe con complicidad —porque entender México también implica entender su humor.

El nombre invita a acercarse a la cocina, a la mesa y a la historia. A probar con curiosidad. A participar. Porque en este proyecto no vienes solo a observar; vienes a involucrarte. Y si sabes dónde se pone, mejor aún.

Nuestra misión

Mi visión es posicionar a Xochimilco como lo que realmente es: un territorio cultural vivo, complejo y actual. Un lugar donde la fiesta también tiene historia y donde la celebración no está peleada con la conciencia. No se trata de eliminar la alegría; se trata de devolverle profundidad.

Nuestra visión

La misión de Lame Cazuelas es diseñar experiencias íntimas y cuidadosamente curadas que honren la DIGNIDAD del lugar y de su gente. Trabajo con grupos pequeños porque me interesa la conversación real, no el volumen alto. Cada recorrido, cada menú y cada detalle están pensados para que quien nos visite no solo se divierta, sino que puedan llevar consigo todo lo valioso de este lugar.